He de reconocer que lo del deporte no es lo mío. Me refiero a practicarlo, porque verlo, lo veo, tanto por la tele como en vivo y en directo.

Esta semana pasada hemos podido disfrutar de los Europeos de atletismo. Esta vez, ni banderas españolas en los balcones ni orgullo patrio colectivo. Pero ahí estaban los chicos y chicas de la selección, haciendo lo posible por mejorarse a sí mismos y conseguir sus mejores resultados.

Viendo el campeonato, se me han ocurrido algunas cosas que me gustaría compartir con vosotros. No voy a entrar en detalles en ninguna de ellas: únicamente dejo el apunte para su reflexión.

El presidente de la Federación Española de Atletismo, optimista él, estimó en 15 las posibilidades de medalla. Al final nos quedamos con 8. Las dos últimas, las de las chicas del 1.500: el oro de Nuria Fernández y el bronce de Natalia Rodríguez.

Para mí fueron los momentos más emocionantes de estos campeonatos. Hay atletas españoles que tienen su lugar en el corazón de los aficionados y, sin duda, Nuria es una de ellos. La madrileña es la alegría de la huerta de la selección española, pero también ha pasado momentos amargos. La hemos visto cuestionarse incluso, si valía para el atletismo.

Este oro (y otros) debería ser un ejemplo para la juventud española. El espíritu de superación, la capacidad de sobreponerse a los malos tragos, el alcanzar los objetivos y el mejorar día a día son valores que en la actualidad han sido desplazados, fagocitados por la fama rápida y el dinero fácil.

El segundo tema que me ha venido a la mente estos días es el económico. Las televisiones se gastan una pasta gansa en promocionar niños gorditos que cantan como una almeja pero son muy dicharacheros o a freakies varios amontonados en una casa esperando a que se apareen. Pero en deporte, ni un duro. Sobre todo en deporte de base.

Y es que, para competir, hay que viajar, comer y dormir en un hotel y eso cuesta dinero. Con la crisis los grifos se han cerrado y, mientras la madre del chiquillo que canta como una almeja se cabrea con los jueces porque no le van a dejar convertirse en un triunfito, no hay dinero para los deportistas.

Y si hablamos de dinero público, la cosa no va mucho mejor. Se hizo un gran esfuerzo económico durante los años previos a Barcelona’92 y los resultados fueron excelentes. Pero la cosa ha ido decayendo con el tiempo. En Berlín 2002 se obtuvieron 15 medallas. En Goteborg 2006, 11 medallas y en Barcelona 2010 se han sacado 3 medallas menos. En pocos años nos tocará a nosotros regalar medallas para poder competir.

Otro hecho que me ha llamado la atención de estos campeonatos: la gran cantidad de atletas africanos que compiten bajo bandera europea. Como ejemplo más evidente, las 3 atletas que representaban a Turquía en los 5.000 metros eran de origen etíope. Obviamente, para ello necesitan nacionalizarse previamente.

Apoyo que un refugiado político pueda pedir asilo en otro país y que, llegado el caso, acceda a la nacionalidad con todos los derechos y obligaciones que esto comporta. O que una persona acceda a la nacionalidad al contraer matrimonio con un ‘nativo’.

Pero me da en la nariz que esto está yendo mucho más allá. Parece que Europa se está convirtiendo en la Meca de la inmigración para-legal de alto standing, la de aquellos atletas segundones en su país de origen y que pasan a ser estrellas en su nuevo país.

¿Realmente tienen todos los etíopes las mismas facilidades para conseguir la nacionalidad de un país europeo o sólo los que interesan? Hay casos de escritores y periodistas amenazados de muerte o encarcelados en sus países de origen por la falta de libertad de expresión y pasan las de Caín, ya no para tener la nacionalidad, sino simplemente para que se les conceda asilo político.

Cada vez hay más atletas africanos compitiendo en competiciones reservadas a atletas europeos y cada vez hay más récords nacionales y europeos en manos de atletas africanos. Al margen de la calidad innata de estos atletas, la mayoría ni siquiera se han formado aquí pero limitan aún más las posibilidades de acceder al patrocinio y a la competición a chavales que llevan años esforzándose y que ven como su plaza para participar en un gran campeonato es ocupada por un deportista que a duras penas habla nuestro idioma.

En verano hace calor y esto hace que conciliar el sueño resulte más laborioso de lo habitual. Así es que, entre vuelta y vuelta en la cama, me da por pensar. Suelo meditar sobre lo que tengo que hacer al día siguiente o lo que no he podido hacer todavía.

Pero, de vez en cuando, me vienen a la cabeza ideas absurdas y es entonces cuando mi neurona estival se agita con mayor intensidad. Precisamente por absurdas, este tipo de meditaciones sin sentido ocupan más tiempo que el hacer una lista de ‘tareas pendientes’, pero no por ello dejan de gustarme.

Así es que hoy voy a haceros partícipes de una de ellas. Como soy más de ciencias que de letras, me gustaría que algún estudioso sobre el tema (si es que hay alguien que leas este blog) arrojara luz sobre lo que estuve cavilando anoche. Es una tontería, pero ahí va:

Veamos: tengo dos padres, cuatro abuelos, ocho bisabuelos y así hasta el infinito y más allá (o casi). Así, al cabo de 10 generaciones, se supone que tendría 2 elevado a 10 ascendientes, es decir 1.024 tátara-mega-abuelos (a como se llamen).

Diez generaciones vienen a ser, a groso modo, 200 ó 250 años. Si nos vamos 10 generaciones más allá, resulta que hacia el siglo XVI, mi árbol genealógico debería incluir como un millón de ancestros. Y 500 años antes (siglos X – XI), cuando en España habitaban 3 ó 4 millones de moros, cristianos y judíos, un billón (con b) de personas interactuaban entre sí para que yo pudiera nacer diez siglos después. Vamos, que faltaban habitantes en el planeta. Ni con todos los chinos de China.

Por lo tanto, es evidente que aquí se lo han montado tíos con sobrinas, primos con primas y, posiblemente hermanos con hermanas. Lo más probable es que la mayoría de las veces sucediera entre familiares tan lejanos que ni siquiera se conocieran.

Pues eso: que si nos vamos aún más atrás en el tiempo, las cifras se tornan inimaginables. Posiblemente, si rebuscamos bien en nuestro árbol genealógico, la mayoría encontraremos sangre real (posiblemente bastarda), antepasados moros que anduvieron por aquí hace siglos y hasta algún mandarín de la época de Marco Polo.

Pues a pergeñar cosas como ésta es a lo que dedico mi tiempo en las largas noches de insomnio estival…

Hace poco más de un año, ZP se sacó de la manga el Plan E. Se supone que la “e” era de empleo. También podría ser una “e” de esperanza o de evolución. Pero me temo que era una “e” de empanada. Empanada mental es lo que han demostrado el Dr. Bambi y su equipo económico.

Si habrá sido grave la cosa que hasta Solbes se tiró de la moto. Para que un gestor tan “brillante” que dejó España en ruinas como ministro de Felipe no lo viera claro, es que la cosa pintaba muy, pero que muy mal.

Es evidente que una parte del dinero del Plan E ha servido para mejorar la vida de los ciudadanos: se han asfaltado calles o se han construido centros sociales. Pero también se han pavimentado plazas que habían sido pavimentadas un año antes o se han puesto semáforos allí donde no hacían falta. Lo que sea con tal de trincar la pasta.

Según el gobierno, los 8.000 millones de euros que ha costado la broma han generado 426.000 empleos. 8.000 millones de euros son algo así como 1 billón y medio de las antiguas pesetas (billón con “b” de Bambi, o de burro). Así aparece en el balance a 23 de Julio de 2010 que publica el Ministerio de Política Territoral. Lo que no dicen es cuántas de esas personas siguen trabajando a día de hoy, porque los semáforos se ponen en una semana y las plazas se pavimentan en un par de meses.

A todo esto, Pepiño ya nos ha dicho cuánto y dónde se van a recortar las inversiones que el Ministerio de Fomento tenía previstas en los próximos años. Se cancelan 32 contratos y se aplazan 199 más. El ahorro previsto será de unos 9.600 millones de euros. Según los sindicatos, este recorte supondrá la pérdida de unos 100.000 puestos de trabajo. Viniendo de quien viene, puede que sea verdad o que no, pero aceptaremos pulpo como animal de compañía.

Las obras públicas que se cancelan o aplazan no son cosa menor. No se trata de aplazar el asfaltado de una calle o la pintura de la fachada del ayuntamiento. Mientras que la inversión media de los proyectos del Plan E fue de 260.000 euros, los recortes de Pepiño suponen cancelar o retrasar proyectos con una inversión media de 41 millones de euros cada uno.

Por una parte, es evidente que los empleos que se van a destruir son empleos de una duración mucho mayor que los que se generaron con el cacareado Plan E. Por otro lado, el Plan E se ha centrado en actuaciones locales, puntuales. Seguro que muchas de ellas eran necesarias y han mejorado la calidad de vida de los habitantes de la zona, pero a nivel de desarrollo nacional, son insignificantes frente al retraso o la paralización de la construcción de un tramo de autovía o del AVE.

Posiblemente, la mayoría de los burgaleses preferirían ver terminada la circunvalación en lugar de la renovación de pavimentos en la Calle Villalón. Seguro que el “proyecto de mejora de la eficiencia energética de varias calles de Castellón” es muy interesante y los castellonenses han alucinado con él, pero posiblemente estarían más contentos si pudieran (por fin) utilizar el AVE.

Pero no nos preocupemos: Pepiño ha dicho que muchas de estas obras se contratarán con colaboración público-privada. Me huelo que esto quiere decir que, en lugar de autovías gratuitas vamos a tener más tramos de autopistas de peaje.

Al final de la película, nos gastamos 8.000 millones de euros en crear unos puestos de trabajo de corta duración y ahora nos queremos ahorrar 9.600 millones para perder 100.000 empleos de larga duración. Total: en el mejor de los casos, lo comido por lo servido, pero a costa de quedarnos sin infraestructuras básicas para la vertebración de España.

ZP fue el único que no vio venir la crisis. La negó incluso cuando estábamos ya camino de la ruina y, por supuesto, no ha sabido aplicar soluciones para mitigar sus efectos y acelerar la recuperación. La política de esta desgracia que supone ZP al frente de la nación ha sido, desde el inicio, el tomar decisiones a salto de mata. Pero en temas económicos se ha superado y está dando palos de ciego. A ver si suena la flauta por casualidad…

Bueno: ya ha pasado la euforia del Mundial. El domingo lo conseguimos: ya somos los mejores del mundo (en fútbol). Ayer por la noche no se podía ver en la tele otra cosa que no fuera la Gran Celebración. 

Todos los próceres de este país han hablado para elogiar la Gran Victoria. Bueno, próceres y no próceres, que aquí todos pasan de política, pero en cosas del deporte rey, levantas una piedra y te sale un experto. 

La opinión que tenía más ganas de escuchar era la de ZP. Estaba convencido de que, tras el subidón de adrenalina, su neurona habría sufrido una especie de shock y anunciaría una bajada del IVA al 11%. Así lo esperaba después de oír al ministro Sebastián, otro “experto”  pero éste en economía. Su tesis es que nuestra victoria en la Madre de Todas las Batallas nos ayudaría a salir de la crisis. 

Pero no. Me equivoqué. ZP volvió a disfrazarse de Bambi y nos dijo que había llorado, que llegó a derramar unas lágrimas de emoción. 

Esperaba algo más, porque de lágrimas hay todos los días en cualquier lugar del país. No me han emocionado las lágrimas del Presidente. No me emocionan las lágrimas de quien se siente “español por un día”: el sábado su compinche de Iznájar encabezando manifestaciones en contra del Tribunal Constitucional y el domingo Bambi llorando. 

Me hubieran emocionado las lágrimas de un Zapatero anunciando su ruptura con el PSC por no respetar las normas del juego democrático y las resoluciones de las instituciones que todos debemos acatar. Pero claro: un PSOE sin PSC está abocado a estar en la oposición por los siglos de los siglos. Así es que me quedé sin emocionarme. 

La frase más repetida en la tele: “hay que ver lo que une el fútbol”. Ojalá me equivoque, pero me temo que esta unión se ha hecho con un pegamento de los chinos: las banderas desaparecerán de los balcones en unas semanas, la cancioncita de “yo soy español, español, español, español” se irá olvidando y, los cientos de miles de personas que salieron a la calle a celebrar la victoria en el mundial se quedarán en sus casas y no saldrán a la calle a protestar contra quienes están confabulando para dejarnos sin país. 

Ningún español había vivido esto antes, porque es la primera vez que sucede. Y como tardemos mucho en repetirlo no volveremos a verlo, entre otras cosas porque a este paso no habrá Selección Española. Eso sí: el día que desaparezca, saldrán a la calles a protestar todos los “españoles por un día” (menos ZP).

Es patético que el país entero estuviera pendiente de lo que decía el pulpo, pero es comprensible dado que el opio del pueblo está consiguiendo que la gente olvide, momentáneamente, sus problemas.

Hoy no me voy a extender mucho. Sólo quiero recordar lo que decía en el post del viernes sobre la capacidad predictiva del gobierno: que era nula.

No se si el pulpo acertará y seremos Campeones del Mundo. Espero que si. Aunque no soy futbolero, me haría ilusión. Si algo bueno ha tenido el mundial, aparte de la posible victoria de España en la final, es que los bares se han llenado durante los partidos y que los vendedores de petardos han adelantado su Agosto hasta Julio. Menos da una piedra.

Si el pulpo no acierta, mañana no estaremos para coñas, pero si lo hace, propongo que ZP lo haga ministro de economía. Total, peor que la que hay ahora no lo va a hacer…

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